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domingo, 22 de marzo de 2009

LAS PRISAS


La Bobina Maravillosa

Erase un principito que no quería estudiar. Cierta noche, después de haber recibido una buena regañina por su pereza, suspiro tristemente, diciendo:
¡Ay! ¿Cuándo seré mayor para hacer lo que me apetezca?
Y he aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz:
Trátame con cuidado, príncipe.
Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando, el hilo se ira soltando. No ignoro que deseas crecer pronto... Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no vuelven.
El príncipe, para cersiorarse, tiro con ímpetu del hilo y se encontró convertido en un apuesto príncipe. Tiro un poco mas y se vio llevando la corona de su padre. ¡Era rey! Con un nuevo tironcito, inquirió:
Dime bobina ¿Cómo serán mi esposa y mis hijos?
En el mismo instante, una bellísima joven, y cuatro niños rubios surgieron a su lado. Sin pararse a pensar, su curiosidad se iba apoderando de él y siguió soltando mas hilo para saber como serian sus hijos de mayores.
De pronto se miro al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos cabellos nevados. Se asusto de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina. ¡Los instantes de su vida estaban contados! Desesperadamente, intento enrollar el hilo en el carrete, pero sin lograrlo. Entonces la débil vocecilla que ya conocía, hablo así:
Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin molestarte en hacer el trabajo de todos los días. Sufre, pues tu castigo.
El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin hacer nada de provecho.


Saludos a todas/os.

Yo siempre quiero hacer las cosas ya, mejor ayer que mañana.

Intentaré hacer caso del cuento y no tener prisas, que todo llegará a su debido tiempo.

Amigos no sé estar parada ni quieta, no puedo..., no dejo de pensar, de cavilar... y sé que esto no es bueno, pero... cada uno somos como somos.

Desde luego intentaré mejorar y cambiar mis prisas y dejar que el tiempo sea ese juez insobornable que pone y quita razones.

Hasta pronto. Nieves.



6 comentarios:

Edu dijo...

Día que pasa no vuelve y es una oportunidad perdida de vida. Es como desperdiciar sino se vive, un tiempo regalado. Vive como si mañana no existiese.
Un Saludo.

Ruth dijo...

¡Buenas noches!

Hay amiga mía si peor aliado o mejor aliado puede ser el tiempo, enemiga es la avaricia, la avaricia puede esperar, pero siempre anda rondando cual presa devorar y contagiar de su veneno, ni tanto ni tan poco, pero recuerda ahora nos toca callar y esperar, porque el aliado que nuevamente vuelve a ser el tiempo nos dará la razón de las cosas.

Ser o no ser esa es la cuestión, y mientras pasaran los años, los días, esperaremos a ver si ocurre un milagro, pero... lo que nosotros podemos hacer no vendrán a hacerlo por nosotros.

Un abrazote

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amiga Nieves:

La vida nos va conformando, la experiencia acumulada al final da sus resultados. Lo importante es vivir intensamente y hacer lo que se piensa que es lo mejor. Si nos equivocamos no pasa nada, como solía decir Édison "siempre estamos aprendiendo cómo no debemos de hacer las cosas". Todo es aprendizaje que al final fructificará. Por tanto amiga, tu actúa como tengas que actuar, realiza las cosas como pienses que debes de hacerla; a la larga los resultados se van acumulando y hacen cambiar a la personas hacia la senda más adecuada. Te lo dice alguien que de impaciencias sabe mucho, creo que he sido el ser más impaciente del mundo mundial; ahora practico la impaciencia paciente.

Recibe un muy fuerte abrazote amiga.

Cruz Diaz dijo...

Hola Nieves:

Precioso cuento. Si de niños supieramos lo que significa ser mayor. no nos interesaria crecer, por ello vamos a intentar ser niños aunque seamos mayores.

Besos y adelante.

rasputín dijo...

En todos los malo momentos de mi vida he recurrido siempre, y lo sigo haciendo , al niño que vive en mí; nunca tuve prisa para crecer.
Por otra parte, todo lo hecho con prisas sale mal; las prisas nunca fueron buenas consejeras, y en más casos de los que nos parece tenemos prisa en acabar algo para no hacer nada después.
Un abazo, Nieves.

Rosario dijo...

Mi querida Nieves, las prisas no son buenas consejeras.
No deberíamos de perder nunca, la tranquilidad que se tiene al ser un niño, nunca he perdido la paciencia del niño, en pensar que mañana es otro día, y otro momento para vivir
Un besito Rosario.